PATRICIA DE SOUZA: EL ÚLTIMO CUERPO DE ÚRSULA (2000)
«En esa dirección, la novela puede leerse como una respuesta visceral a lo ensayado por Virginia Woolf en "Una habitación propia". De Souza lleva dicha premisa al extremo desde un pesimismo que visibiliza la sanción y la censura sobre la enunciación del sujeto femenino: para que esta pueda narrar y narrarse en libertad, la “habitación propia” deviene en celda».

Crítica
PATRICIA DE SOUZA: EL ÚLTIMO CUERPO DE ÚRSULA (2000)
REGIÓN: LIMA
AÑO DE PUBLICACIÓN: 2023
EDITORIAL: HIPATIA EDITORES
Para un primer acercamiento a la novela e inclusivo a la obra de Patricia de Souza (Cora cora, 1964-París, 2019) resulta indispensable volver la mirada hacia la década de 1990. Aquel periodo de cambio, de transición, de rezagos, fue el escenario de una «nueva sensibilidad plenamente “posmoderna”, caracterizada por la apatía y la evasión, el pesimismo y el cinismo complaciente, la actitud sensual y radicalmente individualizada1». Desplazados los sujetos al margen de la historia, los modelos de “la novela total” o el realismo hegemónico que imperó en la década de los 50 hasta los 70 y 80, quedaron obsoletos para expresar esa nueva subjetividad desencantada, desarraigada, fragmentada. Bajo el imperativo de narrarse a sí mismos, estos “realismos neoliberales” explorarán las posibilidades discursivas de la autoficción, el hiperrealismo, el pastiche2. Renuncian a la reflexión de una identidad colectiva, histórica; el espacio desaparece o se convierte en mera referencia para ahondar en este sujeto desarraigado. En este contexto, Patricia de Souza irrumpe con un proyecto narrativo insular y disruptivo que interpela al lector hasta desarmarlo, lo cual explicaría, en parte, el silencio crítico que recibió su obra. Como ella misma afirma:
La no visibilidad de mis obras tiene que ver también con mi posición como autora a nivel de ideas. Siempre camino a contra corriente. Lo mío no es una escritura o una prosa dominante. No estoy dentro de ese juego literario. Soy una escritora que rompe con la tradición de la escritura latinoamericana.
El último cuerpo de Úrsula (2000) se publicó por primera vez en España por el sello editorial Seix Barral. Si bien esta incursión internacional le concedió cierta visibilidad, la obra pronto terminaría convertida en “papel picado por editoriales más vigilantes al mercado”4. De ahí en adelante, toda su producción bibliográfica aparecerá dispersa en el extranjero, entre Chile, México, Venezuela, España, lo cual dificulta su acceso y difusión en nuestro país. En la última década, gracias al esfuerzo de editoriales independientes como Hipatia, se está rescatando y revalorando su obra narrativa y ensayística.
El párrafo que inicia la novela nos marca una ruta de lectura:
No sé cuál sería el comienzo, si es que existe alguno, de lo que podría llamar mi experiencia pasada; no sé, tampoco, si debería empezar a contarla por el principio o por el final. Esta confesión sigue a ritmo de mis sentimientos: es decir: disparatado. Está lleno de ansiedad por la vida, por mi vida, por la que he estado dispuesta a hacer cualquier cosa (p. 9).
Una confesión. Para María Zambrano, “la vida necesita revelarse, expresarse. […] debe transformarse, abriéndose a la verdad”. Ese encuentro con la verdad, su conocimiento, sobreviene en situaciones extremas de “confusión y dispersión”, donde el sujeto queda afligido por “el peso de la existencia”5. Es bajo esas circunstancias que el individuo busca la reafirmación de su subjetividad a través de la confesión. “La confesión es el lenguaje de alguien que no ha borrado su condición de sujeto”, afirma Zambrano. Así mismo, como sostiene Benveniste, el sujeto se reafirma como tal al enunciarse desde su yo: “el fundamento de la subjetividad esta en el ejercicio de la lengua”6.
Úrsula Res -nuestra narradora, periodista, filósofa, aspirante a escritora- asume esa urgencia por confesarse, por narrarse, desde el aislamiento de una celda. No confiesa un crimen para aclarar los motivos o justificarse; por el contrario, se confiesa para encontrar entre los fragmentos de su memoria y la confusión del presente, la verdad sobre su vida: “Me encerraron por haber querido vivir mi verdadera historia de amor. Me encerraron por haber revelado los misterios de mi cuerpo” (p.95). A lo largo del relato, identificaremos lo que Zambrano plantea como los dos movimientos de la confesión: la huida de sí y el buscar algo que le sostenga y aclare7.
Desesperanza y esperanza, una dialéctica aparentemente contradictoria, que se sostiene en el reconocimiento de la otredad para reafirmar su identidad. Nuestra narradora comienza desde la incertidumbre. ¿Cómo narrar los hechos?, ¿qué debe narrarse? Juan Carlos Onetti influencia que sobrevuela la obra de De Souza- sentencia en El pozo: “[…] hay varias maneras de mentir; pero la más repugnante de todas es decir la verdad, toda la verdad, ocultando el alma de los hechos. Porque los hechos son siempre vacíos, son recipientes que tomarán la forma del sentimiento que los llene”8. Úrsula Res tomará este camino. Por lo tanto, su confesión debe encontrar un nuevo lenguaje, pues desborda el relato tradicional, la lógica de la causa y efecto. Como afirma Sandra Rudman: “la voz narrativa mantiene un discurso inmediato, casi siempre asociativo o interiorizado”9. El relato se ramifica como un rizoma, carente de centro y linealidad. La digresión organiza su escritura: cada recuerdo, frase o descripción remitir inmediatamente a otro recuerdo, suceso o reflexión:
¡Qué cantidad de digresiones! ¿Llevaron a alguna parte? A lo mejor sí ¿por qué no? Sin ellas, no llegaré nunca al final, pero no hablo de una relación causaefecto. Aquel que quiera encontrar una relación de esa índole, le recomiendo abandonar este relato; porque no la hallará, hablo de otra cosa, de la relación entre un pensamiento y otro, entre el pensamiento y el gesto, entre el pensar y el sentir (p. 27).
Con todo, la narradora debe elegir un punto de partida: un acontecimiento que sea cifra de todo, que funcione como el recipiente mencionado por Onetti. Ese punto de quiebre es la primera experiencia de la parálisis, donde el cuerpo asume su protagonismo. Hasta ese momento, Úrsula asumía su cuerpo como un “cuerpo-escritura” armónico, un lenguaje capaz de descifrarse. Por ejemplo, recuerda el abandono de su padre y la posterior pobreza que empuja a la familia a sobrevivir en un mundo hostil que los agrede, sin ninguna herramienta. En ese entorno, ella y su hermano descubren, en contacto con la naturaleza y ante la mirada ajena, la sensualidad salvaje del cuerpo. Ese hallazgo les permite ocupar un lugar en la sociedad.
No obstante, la enfermedad propicia una nueva revelación, que la desplaza hacia un no-lugar, donde se ve como mera espectadora de “su cuerpo”. La parálisis trastoca y pliega su existencia. Si en el pasado la enfermedad abría la experiencia del placer, y a la interacción con el otro –“En realidad, hasta sufrir la parálisis, adoraba enfermarme […] para que me cuidasen. Disfrutaba de la calidez y las frazadas y las caricias de mi madre y mis cabellos extendidos sobre la almohada como si ese tiempo de enfermedad significase un recogimiento sobre mí misma y lo que llamaba vida interior (p.16)-, ahora, la parálisis deforma esa escritura clara, la obliga a comunicarse con él nuevamente.
Expulsada violentamente de la “beatitud” de poseer un cuerpo, un cuerpo que le enseñó a ser ella misma, el odio, la traición, la humillación se manifiestan como nuevas formas de relacionarse con los demás. “El fin empieza con la ausencia del placer”, confiesa. Es a partir de esa clausura que la narradora cae en aquello que Simone Weil denominada la gravedad: “¿Por qué en cuanto un ser humano da muestras de tener alguna o mucha necesidad de otro, este se aleja? Gravedad. […]Todo cuanto denominamos bajeza constituye una manifestación de la gravedad”10. En este descenso, la memoria le sirve para reconstruir ese pasado en el que su “cuerpo-escritura” experimentó la humillación. Necesita recordar para dotar de sentido a sus experiencias, a cada marca en el cuerpo del cuerpo de los otros. El cuerpo es la cifra de todo. Principio y final de toda experiencia, de toda reflexión:
No soy sino este cuerpo que se nombra, este cuerpo que se detiene frente a una vitrina deseando poseer objetos, y también aquel que busca un poco de ternura, incluso la de alguien abyecto. (p. 87)
Cada acto deviene, por lo tanto, en exploración y transgresión de los límites: “He visto el dolor transformarse en placer y he gozado: ése ha sido mi crimen” (p.95). Se declara aquí abiertamente al placer como meta y centro en el que orbita la protagonista. Toda ambición se resume en la exploración plena del placer. De ese modo, la confesión de Úrsula Res funda o crea, al igual que un nuevo lenguaje para expresarse, una nueva moral, una ética que pueda sostener su agencia:
[..] no siento miedo, no creo en Dios, ni en la redención por la ley, no creo en nadie que no sea yo, este sujeto al que marca un determinado tipo de recuerdos, un determinado gusto por la vida y un profundo hedonismo. (p. 92)
Opta por la transgresión, y eso es importante, pues a lo largo de su relato, reitera que es ella quien decide: decide humillar a sus parejas, decide seducir a un hombre mayor, decide experimentar con su primo. En ese sentido, identificamos en su confesión una enunciación parresiástica. La parresía, según Foucault, se define con el acto de decir la verdad, nuestra verdad, asumiendo el riesgo y peligro de tal declaración. Pues el sujeto está claramente en una posición subalterna frente a su locutor11. La narradora asume esta condición y descendemos con ella a los rincones más siniestros de su interioridad:
Dije que hablaría hasta las últimas consecuencias. […] Con esto no quiero justificarme ni pedir perdón; simplemente quiero que la gente sepa que estoy así porque creía que era lo mejor para mí y para la otra persona involucrada. (p. 26)
Asume con lucidez las consecuencias de su postura. Exponerse como tal, le vale el repudio de sus compañeras de encierro; sabe que será juzgada y condenada, que el texto que leemos no la ayudará a salvarse; sabe que es probable que quien la lea no entienda. Y aún así, manifestar su verdad le resulta impostergable.
En una entrevista, Patricia de Souza afirmaba que sus personajes “están generalmente en conflicto, están en guerra”12. No hay mejor caracterización para el devenir de Úrsula Res, una mujer desterritorializada que debe hacer estallar los moldes para encontrarse. En esa dirección, la novela puede leerse como una respuesta visceral a lo ensayado por Virginia Woolf en Una habitación propia. De Souza lleva dicha premisa al extremo desde un pesimismo que visibiliza la sanción y la censura sobre la enunciación del sujeto femenino: para que esta pueda narrar y narrarse en libertad, la “habitación propia” deviene en celda. Es desde ese encierro, y a través de un cuerpo paralizado y mutilado, que toma la palabra, sin restricciones, sin censura, pues ya no puede perder nada.
Notas
1 Carlos Yushimito. “La narrativa peruana de finales del siglo XX (1980-2000)”, La narrativa peruana contemporánea cuento y novela (1920-2000). (2022): 402.
2 Ibid.
3 Rosana López Cubas, «Patricia de Souza: “Soy una escritora que rompe con la tradición de la escritura latinoamericana”», Lima en Escena, 18 de mayo de 2018, https://limaenescena.pe/patricia-de-souza-soyuna-escritora-que/.
4 Patricia de Souza, El último cuerpo de Úrsula (Santiago de Chile: Los Libros de la Mujer Rota, 2019), 12.
5 María Zambrano, La confesión: Género literario (Madrid: Ediciones Siruela, 2004), 32-33.
6 Émile Benveniste, Problemas de lingüística general I (Ciudad de México: Siglo XXI Editores, 1997), 183.
7 Zambrano, La confesión, 32.
8 Juan Carlos Onetti, Obras completas. (Madrid: Aguilar ediciones, 1979), 64.
9 Sandra Rudman, Arraigo y desarraigo en la escritura de Patricia de Souza. En Constelaciones y redes literarias de escritoras latinoamericanas actuales, entre América y Europa, 237-257.
10 Simone Weil. La gravedad y la gracia. Editorial Trotta, 2025, 67.
11 Michel Foucault, Discurso y verdad en la antigua Grecia (Barcelona: Paidós, 2004), 38-44.
12 Carlos M. Sotomayor, «Entrevista a Patricia de Souza», Letra capital (blog),
13 de agosto de 2008, https://carlosmsotomayor.blogspot.com/2008/08/entrevista-patricia-desouza.html.
Bibliografía
- Benveniste, É. (1997). Problemas de lingüística general I. Siglo XXI Editores.
- De Souza, P. (2000). El último cuerpo de Úrsula. Seix Barral.
- De Souza, P. (2019). El último cuerpo de Úrsula. Los Libros de la Mujer Rota.
- Foucault, M. (2004). Discurso y verdad en la antigua Grecia. Paidós.
- López Cubas, R. (2018, 18 de mayo). Patricia de Souza: «Soy una escritora que rompe con la tradición de la escritura latinoamericana». Lima en Escena. https://limaenescena.pe/patricia-de-souza-soy-una-escritora-que/
- Onetti, J. C. (1979). Obras completas. Aguilar Ediciones.
- Rudman, S. (2024). Arraigo y desarraigo en la escritura de Patricia de Souza. En Gras, D. & Torres, V. (Comp.). Constelaciones y redes literarias de escritoras latinoamericanas actuales, entre América y Europa (pp. 237–257).
- Sotomayor, C. M. (2008, 13 de agosto). Entrevista a Patricia de Souza. Letra capital. https://carlosmsotomayor.blogspot.com/2008/08/entrevista-patricia-desouza.html
- Weil, S. (2025). La gravedad y la gracia. Editorial Trotta.
- Yushimito, C. (2022). La narrativa peruana de finales del siglo XX (1980-2000). En La narrativa peruana contemporánea: cuento y novela (1920-2000) (pp. 375-427).
- Zambrano, M. (2004). La confesión: Género literario. Ediciones Siruela.

