ENTREVISTA A MARÍA JOSÉ CORREA
«ESTE LIBRO, NI LA INCERTIDUMBRE DE RIBEYRO, NI LA MÍA LLEGAN A UNA CONCLUSIÓN, NO LLEGAN A RESOLVERSE, PERO SÍ A CONGENIAR Y A SABER QUE A PARTIR DE AHÍ TAMBIÉN SE PUEDEN CREAR COSAS COMO ESTAS»

Entrevistas
ENTREVISTA A MARÍA JOSÉ CORREA
A propósito de la publicación de su ensayo Las dudas del mudo. Una lectura personal de la obra de no ficción de Julio Ramón Ribeyro y su presentación en la Feria Internacional del Libro en Arequipa, El Hacedor conversó con María José Correa* sobre el proceso de escritura del libro, su formación como escritora y lectora, y su visión personal sobre la literatura y el arte.
A propósito de la publicación de tu libro Las dudas del mudo. Una lectura personal de la obra de no ficción de Julio Ramón Ribeyro, ¿cuáles fueron los retos o dificultades más grandes que se te presentaron al momento de idear y terminar este proyecto?
La decisión de hasta qué punto iba a mostrarme yo en la conversación. Quería que fuera una conversación más anónima, digamos; pero al final, en el libro sí sabes quiénes son los que están conversando: Ribeyro, por supuesto, y yo como autora.
Con algunos, él tiene absoluto protagonismo, pero hay esbozos también de mi personalidad y de mi biografía, autobiografía como lectora también, y como escritora en formación, sobre todo, porque es lo que me considero en realidad. Me da mucho pudor decir: soy una escritora, no suelo presentarme de esa manera. Creo que esa nomenclatura tiene un peso en el que todavía no he llegado a alcanzar.
De hecho, también fue esa otra de las dificultades, no creérmela. La verdad, yo disfruté bastante escribiendo el libro, porque me iba enterando de muchas cosas de Ribeyro que yo no sabía y tengo ese impulso de la curiosidad que me llama bastante la atención. Te vas a dar cuenta en las notas, las uso mucho; perdóname por la comparación —porque es una comparación estratosférica—, pero como David Foster Wallace usa los pies de página, yo he utilizado, he agarrado esa manera de utilizar los pies de página para poner paréntesis y abrir nuevas conversaciones en el libro.
Eso disfruté mucho, porque son formatos de libro que yo disfruto leer: saber el datito, lo anecdótico, incluso que al final te termina contando bastante más el personaje que te interesa saber. Yo diría que va un poco por ahí, sobre todo en la parte de la escritura de este libro, y creérmelo, porque como te digo, lo disfruté mucho y no fue pensado para publicarlo, fue parte de mi maestría en escritura creativa, para graduarme del máster que estaba llevando, y ya cuando lo iba a publicar me enteré del premio y los incentivos del Ministerio. Felizmente yo tengo experiencia como editora y yo misma también he trabajado el libro.
La verdad, yo disfruté bastante escribiendo el libro, porque me iba enterando de muchas cosas de Ribeyro que yo no sabía y tengo ese impulso de la curiosidad que me llama bastante la atención.
— María José Correa
Mencionaste mucho a Vargas Llosa en la presentación, y él en un primer momento de su carrera decía que no se consideraba un escritor sino un escribidor, y tal vez pasa mucho con autores, que al inicio no se creen escritores sino escribidores porque todavía no encuentran una voz, un estilo. Después vamos a ver si tú al terminar este libro has podido también paliar muchas de esas inseguridades.
Sí, porque también me interesa y me gusta conversar con los lectores que han recibido esta obra y así me aseguro de que sea un libro bastante digerible, porque yo no tenía pretensiones de que sea un tratado académico; al contrario, más bien que lo pudiera leer cualquier persona. Felizmente he confirmado que tengo esa habilidad de hacer un libro que pueda ser leído por todos y eso me da satisfacción porque es el tipo de literatura que me gusta consumir, que no sea con grandezas. Una relación más directa con el lector.
¿Recuerdas tu primer acercamiento a la obra de Ribyero? ¿Con qué obra fue y qué sensaciones tuviste? ¿En qué lugar se encuentro dentro de tu canon personal?
Mi acercamiento con Ribeyro fue como la mayoría: a través de las clases de literatura del colegio. «Los gallinazos sin plumas» probablemente haya sido de los primeros cuentos que he leído de él. Después, «Por las azoteas», «Al pie del acantilado», estos cuentos que venían en La palabra del mudo. Los disfruté bastante, pero hasta ahí quedó, como una tarea del colegio que te asignan y que cumples y ya está. Yo te diría que el acercamiento que he tenido con él, un acercamiento más profundo, ya es de adulta, cuando leí Prosas apátridas. Me acuerdo cuando tenía veinte —que no es lo mismo leer ese libro cuando tienes veinte y cuando tienes treinta—.
Yo creo que se afianzó en mi segunda lectura de Prosas apátridas y La tentación del fracaso, que me fascinó. De hecho, estoy esperando con ansias la segunda parte de los diarios que Jorge Coaguila está editando ahora mismo, porque además viene con una perspectiva distinta. La primera parte de los diarios vinieron con la edición de Ribeyro. Ahora va a publicarse la segunda parte, del 78 al 94, que es la parte que faltaba. No sé si va a venir en volúmenes o en un solo tomo.
¿Tú también escribes diarios? ¿Tienes alguno?
En algún momento he escrito páginas sueltas de diario, pero no he sido constante al respecto. Pero sí soy más de fragmentos, en la actualidad soy más de fragmentos.
Después de tu investigación, ¿qué sientes que descubriste en la obra de Ribeyro que antes no conocías y que consideras los demás lectores deberían también saber?
Me dio el piso para llevarme bien con mis incertidumbres. No porque él lo haya sabido llevar. Sé que al final de sus días la pasó mejor cuando volvió a Lima en los noventas; y de hecho era aclamado por el público y todo. Ahí la pasó mejor, incluso se volvió a enamorar, pero no sé si resolvió realmente ese fantasma que llevaba consigo sobre la incertidumbre. Lo que yo creo que he conseguido es reconciliarme con esa parte. Yo no sé si él lo hizo, pero a través de él no se llega a una conclusión.
Este libro, ni la incertidumbre de Ribeyro, ni la mía llegan a una conclusión, no llegan a resolverse, pero sí a congeniar y a saber que a partir de ahí también se pueden crear cosas como estas.

¿Cuáles son tus referentes literarios? Es decir, aquellas lecturas a las que regresa siempre o que considera que han alimentado e influido en su escritura.
Yo he crecido leyendo sobre todo a Bryce, a Ribeyro y a Vargas Llosa. He leído bastante de ellos, sobre todo hombres. Ya en la vida más adulta empecé a leer más literatura de mujeres y eso también me nutrió porque es otra perspectiva.
Por ejemplo, Pilar Dughi es una de ellas. Gran cuentista. Leí también la novela que tiene, Puñales escondidos. Me gustó mucho esa caracterización que tiene de los personajes, es bastante reveladora, contar las cosas sin ser muy directo. Después también algo que me gusta leer mucho son historias que están basadas en hechos reales. Leila Guerriero, por ejemplo, ese tipo de literatura de no ficción. Cristina Rivera Garza, también.
Algo que me llamó mucho la atención del libro también es que incluyes las pinturas o esta faceta pictórica de Ribeyro. ¿Recibes inspiración o influencia de otros ámbitos artísticos para escribir o inspirarte, ya sea el cine, el teatro, música o la pintura?
Sí, yo creo que están relacionados de alguna u otra manera. Disfruto bastante de la pintura, no soy experta en absoluto, pero sí me puedo quedar mirando y viendo. La fotografía también. En el ensayo hago referencia, de hecho, a una muestra de Hiroshi Sugimoto, Seascapes. Pero quiero decir que las artes visuales también las disfruto, no es mi expertise en absoluto, pero las disfruto bastante por la parte de la contemplación, creo que expande el universo creativo. Y disfruto también del teatro, pero más como aficionada. Alguna vez llevé un taller con Mariana de Althaus. Me gusta como asistir a la parte de la emoción y la sensación que te produce una historia contada en vivo.
¿Has tenido la oportunidad de ver la puesta en escena de las obras teatrales de Ribeyro?
Sí, he visto algunas y de hecho en octubre en Lima se va a presentar «El último cliente». Y tengo entradas ya para verla en el Teatro de Lucía. Van a estar todo octubre. La puesta se llama 2 de Ribeiro, en el Teatro de Lucía. Ribeyro ha hecho todos los géneros, por ejemplo, desde tiras cómicas, y eso es algo que yo no sabía y que lo he descubierto a través de la investigación para escribir mi ensayo. No las publicó, pero sí las hizo.
¿Qué momentos recuerdas como determinantes en tu formación como escritora? ¿Hubo alguna persona o evento que te marcó literariamente?
Yo creo que es de los principales es el aprender a leer. Yo tengo recuerdos de mi papá sentado leyendo; de mi mamá sentada leyendo. En mi casa siempre había revistas, ya sea que para ojearlas o algo. Y tal vez de allí viene esta afición que tengo por el papel. Yo de pequeña —soy la más pequeña de la casa—, siempre estaba agarrando algo. Y bueno, inventándome además muchas cosas, porque mis hermanos mayores me llevan varios años, ya estaban en otra onda y yo estaba jugando sola. Y aprendía a inventarme con qué me divertía, con qué pasaba el tiempo.
Otro momento importante, como te digo, es conocer, por ejemplo, la literatura de Ribeyro, Vargas Llosa y Bryce Echenique. Recuerdo haber leído No me esperen en abril, y después querer devorar todas las demás novelas. Lo mismo me pasó con Vargas Llosa. Me acuerdo una época en que en El Comercio empezaron a sacar los libros de Alfaguara. Y esas ediciones eran bonitas. Porque es todo un trabajo. Hay otro acto creativo allí que también es igual de valioso. Y es una mezcla de talentos.
En mi casa siempre había revistas, ya sea que para ojearlas o algo. Y tal vez de allí viene esta afición que tengo por el papel.
— María José Correa
El Estado tiene un papel importante en la difusión y promoción del arte en el país, y desde tu experiencia, ¿cómo crees que está llevando a cabo estos incentivos? ¿Y cómo ha sido tu experiencia postulando?
A mí me parece que es básico el apoyo del Estado y la presencia en general en el arte, en un país como el nuestro que tiene otras prioridades. No sé si a ti te pasa que tenemos un trabajo alimentario y lo que realmente nos apasiona. Mi trabajo tiene que ver con edición y con escritura, pero en absoluto con los temas de la vida, ni de Ribeyro, ni de la literatura, ni de lo que estamos conversando, nada de eso. Pero bueno, dicho esto, yo me enteré de estos estímulos antes de irme a llevar el máster en escritura creativa, que fue trascendental en mi curva de aprendizaje y literaria. De regreso, entré a trabajar en una editorial literaria, porque yo ya había trabajado antes en una editorial, pero de otro tipo de publicaciones. Al regresar, entré a trabajar en una editorial literaria y yo me enteré allí de los estímulos, porque en la editorial alguien participó para un tema específico.
Hay una falta pendiente en el tema de la difusión. Al estar en el mercado editorial, de alguna u otra manera, nunca me enteré de que existieran estos incentivos. Si no formas parte de un grupo —como yo, que no formaba parte del círculo literario—, no te enteras. Y hay muchas oportunidades tanto de literatura, visuales, arte, música. Hay estímulos para distintas artes. Desde mi experiencia, yo creo que sería conveniente que se fortalezca el tema de la difusión; si bien el estímulo no abarca el proyecto completo, sí es un súper empuje. Sin embargo, la postulación es engorrosa, entiendo por qué, pero sí yo animo por supuesto a todas las personas a participar. De hecho, al Club Ribeyro en Lima los he animado a participar porque ellos hace años tienen este club, y tienen programas escolares, van a los colegios, siempre están pidiendo colaboraciones porque además es una afición de los responsables. Como proyecto yo lo veo receptor de un estímulo, aunque es muy burocrático, implica armar un expediente, y muchas veces las personas que nos dedicamos a esto no somos las más idóneas para ese tipo de documentos.
Tienes un máster de escritura creativa. Me gustaría que nos comentes primero qué consejos podrías darles a quienes están interesados en dedicarse al oficio de la escritura y cuánto crees que ha influido mucho tu experiencia en este máster. Si realmente se puede enseñar a escribir o se puede asentar una base o puede ser algo que uno lo puede hacer de manera autodidacta.
No creo que se pueda enseñar a escribir porque no es algo que se aprende. El estilo cada uno lo va a tener según su formación, desde las lecturas que tú tengas hasta los gustos en cuanto a las historias, hasta el empeño que pongas, pero no hay una receta para la escritura. Tiene que ver mucho el leer y escribir. En este máster, por ejemplo, no es que nos dijeron: la receta del éxito es ABC.
Lo que hicimos todo el año fue leer, leer y hablar, y escribir, por supuesto, pero yo pensaba: ¿qué hice? He dejado mi vida atrás. Porque yo dejé todo en Lima. Hacía unos freelancers como correctora de texto y renuncié a mi trabajo. Después me encontrabas allá leyendo La carretera de McCarthy, y de pronto diciendo, ¿qué estoy haciendo? ¿Qué hice? Dejé todo para venir a leer, y eso sí, el alma me la nutrió de una manera increíble, justo estábamos recién saliendo de pandemia y me dio ese respiro que yo creo que necesitaba.
Para el oficio de escribir creo que se necesitan estos espacios para reafirmarla idea de que puedes hacerlo, porque también es postular y que te acepten. Todo el año nos dedicamos a leer y escribir, recorrimos casi todos los géneros literarios, hasta teatro y cuentos infantiles; y al final tú podías escoger qué es lo que querías hacer, pero en muy pocas asignaturas nos dedicamos a teorías literarias. Lo que aprendí es que, si quieres dedicarte a esto, lo que hay que hacer es únicamente escribir.
¿Cuál es el rol que usted considera que tienen las artes en esta sociedad?
Es importante porque nos da sensibilidad, pero no malentendida como algo que nos hace más débiles, sino al contrario, la sensibilidad y la apertura al otro. Es un alimento distinto. En sociedades como la nuestra, si no estudias algo de números o medicina, no eres nadie. Yo sí creo que la parte del arte y las humanidades puede hacer que una persona se desarrolle bien en otros trabajos. Porque, por lo menos, escribir, saber y leer son la base para muchas cosas. Si no sabes leer ni comprender, ¿cómo vas a entender la comunicación con otro ser humano en tu vida cotidiana? El entendimiento del otro es muy importante.
¿Qué te encuentras leyendo actualmente y qué opinas de esta lectura?
Ahora estoy leyendo Los geniecillos dominicales, porque no había leído las novelas. Releí también El invencible verano de Liliana de Cristina Rivera Garza, porque va a venir la obra a Lima. En enero van a montarla en Lima, con Juan Carlos Fischer, un director peruano que está trabajando en producciones en otro país.
*María José Correa Chávez (Chiclayo, 1986). Estudió Comunicación en la Universidad de Piura y obtuvo el Máster en Escritura Creativa por la Universidad Complutense de Madrid (UCM), del que surge Las dudas del mudo, su primer libro. Sus crónicas, reportajes y entrevistas han aparecido en los diarios La República y El Comercio, y ha editado publicaciones en el Grupo Editorial Cosas. Su cuento “El ciervo” fue incluido en De ida y vuelta. Doce relatos sobre viajes en el tiempo, una antología del Laboratorio Transmedia de la UCM (2024).

